Breaking the Jump*: el corazón del parkour

*[Nota de la traductora: Breaking the Jump, que literalmente es “Rompiendo el Salto”, fue traducido para este artículo como “Superando el Salto” para facilitar el entendimiento del lector, ya que el concepto hace referencia a atreverse a realizar un salto. ¡Disfruten! -Majo.]

 

Por Dan Edwardes.-

En los últimos años, uno de los talleres que he desarrollado en eventos y seminarios alrededor del mundo ha sido llamado “Superando el Salto” (Breaking the Jump), el que fue diseñado para enfocarse en ese aspecto del parkour/freerunning que siempre me ha parecido quizás la parte más central, más esencial de nuestra disciplina – ese siendo el momento de temor, el momento de la verdad que surge cuando enfrentas un salto, movimiento o desafío que requiere que estés presente en un 100% para poder mirarlo a los ojos y lograrlo. “Superar” el salto es encontrar esa combinación de concentración, relajación y compromiso que te permite dejar ir el miedo y poner tu todo en completar la tarea.

Todos conocemos este momento, todos lo hemos enfrentado con diversos grados de éxito o fracaso. Nunca se va, aunque a través de la experiencia y la buena práctica puede volverse más fácil de sobrellevar, además podría decirse que es una de las guías más importantes en tu proceso de entrenamiento en parkour. Temes cosas porque alguna parte de ti sabe que puedes hacerlas y, por ende, intentarlas. Tu miedo reacciona a este potencial de modo de disuadirte. Entonces, aprender a entender tus reacciones de temor, cómo distinguir si esta protegiéndote o frenándote, es vital.

Miedo innato

Por lo general se entiende que solo existen dos grandes miedos con los que nacemos y que son parte de nuestras conexiones más profundas, miedos que no pueden ser eliminados y que son parte de nuestros reflejos. Uno es el miedo a los ruidos fuertes y repentinos, el otro es el miedo a caer (nótese que no es lo mismo que el miedo a las alturas – acrofobia – el que obviamente puede ser superado). Nuestro cerebro reacciona instintivamente a estas dos cosas para protegernos del peligro y eso es algo bueno.

Sin embargo, esta reacción puede transformarse en una exageración si no somos cuidadosos y esto puede impedirnos realizar cosas de las que somos perfectamente capaces. Ahí es cuando el miedo se convierte en un obstáculo más que en un protector, y cuando no sirve a un propósito útil es mejor acabar con él.

El miedo debiese tratarse como a un amigo cobarde: algunas veces vale la pena escuchar su consejo, ¡pero no que controle tu vida! El miedo es una parte natural de nuestro maquillaje, nos mantiene a salvo y actúa como un sistema de alerta cuando te acercas a situaciones peligrosas o de potencial riesgo. Y hombre prevenido vale por dos, como dicen los sabios. Así que no querrás eliminar el miedo en su totalidad; lo necesitas. Pero querrás que te sirva en lugar de que te domine.

El problema es que la alerta de miedo no es demasiado precisa. Sentirás miedo al enfrentarte a un salto que está justo dentro de tus capacidades y sentirás miedo de uno que está justo fuera de tus capacidades. ¿Cómo saber cual es cual? La única respuesta está en la experiencia. Con tiempo, entrenamiento y auto-conocimiento serás capaz de discernir entre los ambos y entonces sabrás si es miedo del que debes hacer a un lado o del que debes escuchar. Es una línea muy delgada, pero para superar saltos debes ser capaz de balancearte en ella.

El Llamado del Salto 

Mi buen amigo Stephane Vigroux una vez comentó que la mayoría de los practicantes pasan por procesos similares cuando descubren y superan nuevos saltos, que explica en un patrón de cinco pasos. Estos son:

  1. Identificar el salto – esto es simplemente ver un salto o desafío, notarlo y verse atraído a él.
  2. Familiarización – acercarse y conocerlo, evaluando la salida y el aterrizaje, la distancia, las superficies, las sutiles dificultades, todo. Esto puede tomar tiempo, pero lo vale. Entre mejor te conozcas a ti mismo, tus habilidades y limites, más rápida es esta parte del proceso, ya que serás capaz de aprovechar un conjunto de experiencias de saltos y desafíos similares que servirán de base para determinar cómo enfrentar el actual.
  3. Miedo – ahora lo estás viendo seriamente, lo has examinado y evaluado como realizable, y el miedo crece en tu interior al saber que estas cerca de realmente intentar el desafío. Aquí es donde comienza la batalla interior para la mayoría de nosotros, cuando las cosas se vuelven reales muy rápidamente. El cerebro inunda de químicos al cuerpo para mejorar su velocidad, reflejos, precisión, todo para darte la mejor oportunidad de conseguirlo. El inconveniente de esto está en que si no estás suficientemente acostumbrado a este cambio (conocido como “descarga adrenal”) no reaccionarás bien a él, comenzarás a temblar y perder la concentración, incluso paralizarte. La gente usa todo tipo de técnicas, métodos y patrones de visualización como herramientas contra el miedo y, por lo general, entre más experimentado te vuelves, más rápidos y eficientes serán estos métodos.
  4. La decisión – ese en el que te dices a ti mismo “Muy bien, lo haré. Hoy. Aquí y ahora”. Esta parte del proceso es fundamental, ya que antes de tomar esta decisión, no es más que especulación, evaluando el desafío para otro día quizás. Pero una vez que has tomado la decisión tienes algo más encaminado al resultado. Ahora es una meta auto-establecida, una verdadera elección autotélica y retractarse luego de tomar la decisión de hacerlo puede ser algo difícil de soportar.
  5. La “superación” (break) – y esta es la etapa final, realmente realizando el salto, logrando el desafío, completando la ruta, lo que sea. Este es el momento en el que dejas ir todo miedo y duda y te sumerges completamente en él. Éste es el estado de “estar en la zona” (the zone) descrito en muchas otras actividades físicas, deportes y disciplinas. Es un gran lugar en donde estar y probablemente el más seguro. La duda durante un movimiento es nuestro peor enemigo, así que comprométete y mantén ese compromiso.

En lo que me gustaría centrar su atención aquí es en la primera etapa – identificar el salto. Quizás esta sea la parte más importante de todo el proceso y la más reveladora. Por qué? Porque el mismísimo acto de notar un salto o desafío usualmente es, en sí mismo, un signo de que estas listo o casi listo para hacerlo. Saltos que están muy por sobre tu actual nivel de habilidad, mental o física, simplemente no los notarás. Pasarás de largo. Y si alguien más te lo señala no te asustará muy profundamente, porque sabes que no lo intentarás. Aún.

El Corazón del Parkour

Para mi, como para muchos otros, este proceso de superar el salto, este momento de verdad, cuando te inclinas hacia el miedo y pones tu cuerpo y mente a prueba, es la esencia de la disciplina – el mismísimo corazón del parkour.

Déjenme ser claro llegados a este punto, que esto no se trata de tomar riesgos innecesarios, exponiéndonos al peligro o buscando atracciones extremas llenas de adrenalina. Eso ciertamente no es parkour. Superar un salto puede suceder en tu primer movimiento en el primer día de tu entrenamiento. Puede ser un pequeño salto con una caída considerable. Puede ser un movimiento altamente técnico y difícil, sin riesgo de lesiones si fallas, sólo un posible glope al orgullo. O puede ser un “verdadero salto”, uno que no puede ensayarse y simplemente no puedes permitirte fallar. Todos estos momentos nos presentan con un obstáculo interno que superar, una oleada de miedo que hará lo posible por disuadirte de seguir adelante. Y es en estos momentos, cuando estas solo y expuesto a la naturaleza más visceral del desafío, que debes tomar una decisión y encontrar la fuerza y resolución para para lograr tu meta.

A menudo he pensado en el parkour como un espejo que muestra nuestra verdadera naturaleza y capacidades. Cada vez que pones pie en la arena del entrenamiento de parkour, esa sesión actuará como un espejo perfecto y absolutamente implacable, dándote una apreciación cruda y completa de tu estado en ese día en particular. Te dirá si estás demasiado cansado para hacer el salto, muy fuera de forma, muy débil, no lo suficientemente hábil o valiente.Te dirá si estás muy enfermo, muy distraido, poco concentrado o de mal humor. El espejo no te juzgará, simplemente te mostrará los hechos. Y esos hechos pueden ser muy difíciles de aceptar a veces – pero creo que es esa crudeza es lo que diferencia al parkour de otras disciplinas.

Es muy difícil mentirte a ti mismo entrenando en parkour. Es difícil hacer trampa o pretender. Puedes hacer el salto cualquier día o no puedes. Llana y simplemente. Recibirás una evaluación realmente honesta cada día – sin endulzantes, sin mimos, sin falsos elogios. Y esta es una cosa rara y buena que tener en tu vida.

Busca superar

Así que dirígete a ese momento de miedo tan seguido como sea posible. Acostumbrate y familiarízate con él. Intenta superar al menos uno o dos saltos por semana, o por sesión, dependiendo de la regularidad con la que entrenas y de tu experiencia. La mente es muy similar a un músculo en algunos aspectos – entre más lo entrenas, más fuerte se vuelve, así que la práctica regular es la clave.

Escucha el llamado de esos saltos, respétalos y date cuenta de lo que te aguarda con ellos. Eventualmente el miedo se volverá como un viejo amigo: lo verás venir cada vez, pero en lugar de escapar de él, le sonreirás, asentirás y volverás a lo tuyo. Pronto empezará a trabajar para ti en lugar de en tu contra, señalando posibles peligros y diciéndote cuando retirarte del juego. Y mientras avanzas comenzarás a notar que el “tú” que aterriza el salto es ligeramente diferente al “tú” que despegó. Has ganado algo. Has aprendido algo. Y también te has despojado de algo – algo que nunca necesitaste realmente.

El arrastre que este proceso puede tener en todo aspecto de tu vida es inmenso. Una vez que has aprendido a manejar el miedo en un nivel primario e inmediato, tal como el que uno encuentra en el parkour, los pequeños miedos de cada día empezarán a parecer ciertamente muy pequeños. Ser liberado de estos miedos puede abrir – y abrirá – nuevas avenidas de auto-desarrollo y potencial para ti, donde sea que estés en tu vida.

 

Fuente: Parkour Generations

Traducción: Mariajosé “majo” Cruz

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