Ser Fuerte – ¿Ser Útil?

Por Dan Edwards.- 

¿Para quién es tu parkour? ¿Cuál es el significado de tu entrenamiento? ¿Cuál es el punto de los riesgos que tomas, de las dificultades en tu entrenamiento, de los movimientos espectaculares que haces?

Los fundadores, desde el principio, hablaban en términos de ser fuerte para ser útil, de entrenar por un propósito, de ayudar a aquellos en su entorno – amigos, familia, grupo social, vecinos, un circulo en constante crecimiento. La motivación original tras el nacimiento del art du deplacement – parkour y freerunning, como se conoce hoy – era volverse completo y capaz, mental y físicamente, de enfrentar cualquier desafío, soportar y lograr cualquier tarea, superar cualquier adversidad. Formar quienes somos a través de la exploración, el descubrimiento, el esfuerzo y la libertad, a través de pruebas y entrenamientos constantes, de manera de ser capaz de ser útil para los demás. De ser útil. Un concepto verdaderamente holístico.

Mi pregunta es, ¿se ha perdido eso? Veo el parkour en todos lados ahora, al punto en que las competencias y los concursos televisados se han vuelto algo normal y producir videos se ha vuelto una meta en sí mismo. Sin embargo, ¿es esto parkour? Tiene la pinta, sí; los movimientos, la potencia y el control físico, los saltos que inspiran admiración y la gracia singular que son el sello del arte. Externamente, la calidad es incuestionable. Pero es eso todo lo que es el parkour ahora, ¿todo en lo que se ha convertido? ¿Cuál es la motivación? ¿Qué pasa con la calidad interior? ¿Se ha perdido eso? La respuesta no me corresponde a mi entregarla, sino a ti.

A medida que la disciplina se ha expandido, abriéndose a miles, decenas de miles de nuevos practicantes y se ha expuesto a nuevas influencias y demandas también, inevitablemente ha evolucionado. Se ha desinfectado en algunos lugares, diluido en otros, alterado más allá de lo reconocible en muchos más. Ha sido usado, reformado, explotado, mejorado, incomprendido, perdido por algunos y encontrado por otros: todo a una década de haber sido descubierto por el mundo en general. Sólo en mis años de vida he visto artes de combate que han pasado por lo mismo, con una idea original que – debido a su popularización – fue oscurecida hasta desaparecer del todo, dejando una carcasa que presenta cierta semejanza física a aquella idea original, pero nada más que eso. Ese parece ser el camino de las cosas.

Pero ¿debe ser así? El parkour tiene mucho que ofrecer al practicante y, a través de esa práctica, tiene mucho que ofrecer al mundo alrededor y más allá del practicante. Y, se puede argumentar con seguridad, las civilizaciones modernas necesitan de las fortalezas, los valores, que el parkour tiene en su núcleo. Sin embargo, esas fortalezas no se encuentran en los shows de televisión, en los grandes saltos o en los auspiciadores: se encuentran en el auto-conocimiento logrado a través de pruebas constantes, en la confianza interna que surge al enfrentar nuestros miedos, en la humildad y camaradería que nace de entrenar con nuestros amigos y familia. Se encuentran en aquello que el movimiento nos brinda, no en el movimiento por sí mismo.

Siempre he creído que esa fortaleza en el corazón del parkour no debe ser perdida; que puede mantenerse y heredarse a cada nueva generación y así pasar a ayudar, aunque sólo sea de forma mínima, a las sociedades en las que vivimos. Para mi ese es el significado. Que eso se pierda, que el parkour se convierta en la mera sombra de una gran idea como en muchas de las artes de combate, sería algo triste realmente.

Se puede evitar, estoy seguro de ello. Pero el espíritu del parkour no es tan sólo un concepto elevado, un ideal que flota insustancial sobre los callejones de Lisses, Evry y Sarcelles. Ni yace sólo en la turbia historia del arte, conocida por un selecto grupo de practicantes. El espíritu existe y se mantiene vivo en la naturaleza de la práctica de cada individuo que la toma. En ese sentido, cada día nuestras intenciones, nuestros enfoques, nuestro entendimiento le dan forma al parkour y a su futuro. Nosotros lo afectamos, de forma inapreciable pero significativa, en cada sesión de entrenamiento, en cada descripción, en cada entrevista de televisión, en cada discusión, cada interacción. Es un ser vivo. Presente activo. Todo importa.

Y lo que más importa es lo que puede aportar a tu vida y lo que, a su vez, te permite hacer por los que te rodean.

De otro modo, ¿cuál es el punto?

 

“Un ser humano es una parte de un todo, llamado por nosotros ‘universo’, una parte limitada en tiempo y en espacio. Él se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones como algo separado del resto… una especie de ilusión óptica de su consciencia. Esta ilusión es una especie de prisión para nosotros, que nos restringe a nuestros deseos personales y al afecto por unas cuantas personas cercanas a nosotros. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión al ampliar nuestro círculo de compasión para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza.” – Albert Einstein

 

Fuente: Parkour Generations

Traducción: Mariajosé “Majo” Cruz

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